jueves, 1 de octubre de 2015

El tsunami

                                                                    El Tsunami
¿Sabes ese momento en que pierdes a toda tu familia y lo único que te queda es la esperanza de una vida mejor? Qué hastío verme solo ante esta  desgracia… Pues justo en este punto estoy yo.
Soy Marcos, un niño cualquiera, con quince años recién cumplidos y acabado de entrar en el mundo de la adolescencia. Vivo en un humilde pueblo de Méjico, llamado Tampico, donde abunda el comercio local mayoritariamente.
Todo empezó aquel día, con aquella triste llamada, informándonos de una trágica noticia. Al principio, no sabía de qué trataba, pero cuando bajé al salón y vi a mi madre con sus habituales ojos llorosos, ya me imaginé que  algo terrible.
Mi madre me informó de todo lo sucedido, mi abuelo había sufrido un infarto en el corazón debido a su ínfima salud, y en esa  misma tarde, preparamos las maletas a toda prisa (porque los abuelos vivían a una hora y media de casa) para poder llegar lo antes posible al hospital.
Por el camino, cuando ya llevábamos media hora conduciendo, tuvimos la mala suerte de reventar una rueda. Por pura casualidad, habíamos quedado parados delante de una gasolinera, Repsol, El dueño vino a ver qué nos pasaba y nos ayudó a cambiar la rueda pinchada por la de recambio.
Una vez todo listo, volvimos a el asfalto, convencidos de que el abuelo estaría bien.
Cuando ya estábamos a punto de llegar, tan solo faltaba unos diez minutos, unos estranjeros, que conducían detrás nuestro nos estaban pitando descaradamente pidiendo paso con las luces exigentemente y no entendíamos por qué, hasta que me fijé en lo que se acercaba detrás de nosotros: un gigante obstáculo que nos impedía continuar el viaje...


Un monstruoso e inexorable tsunami. En ese momento, aparcamos de inmediato, y empezamos a buscar un lugar alto y seguro.
Sin pensar en mi familia, vi desde lejos un árbol muy alto y robusto, y sin pensármelo dos veces, me subí a él.
Desde ahí arriba, pude ver el tsunami arrasando todo lo que se ponía en su camino, y acercándose y acercándose, hasta que ya lo tenía delante.
El tsunami era tan gigante y monstruoso que casi logró alcanzarme, entonces cerré los ojos, sabía que era mi última opción, tenía que enfrentarme ante esa gigante amenaza. ¿Pero cómo?
Cuando abrí los ojos, ya había pasado todo, y desde lo alto del árbol, contemplé el paisaje completamente arrasado, no quedaba nada! Y en ese instante, recordé a mi familia, ¡los había perdido!
Bajé inmediatamente del árbol, empecé a correr y correr  por la carretera, y de enseguida vi el hospital. Sin ningún rasguño, entré dentro a toda prisa, estaba lleno de heridos por el tsunami, busqué y busqué, y al fin  encontré a mis abuelos, que se recuperaban plácidamente del asunto del infarto sin percatarse de lo que sucedía en el exterior.
Mi abuela al verme tan aterrido me preguntó dónde estaban mis padres, y yo llorando les contesté... Desaparecidos.